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Please use this identifier to cite or link to this item: http://hdl.handle.net/10785/128
Title: REVISTA PÁGINAS NÚMERO 78
Authors: Henao Gaviria, Mons Héctor Fabio
Cadavid Vélez, Ángela Patricia
Naranjo Obregón, María del Carmen
Muñoz Montaño, Jorge Luis
Muñoz Montaño, Juan Carlos
Pérez Montoya, James Andrés
Gaviria Ríos, Mario Alberto
Torres Osorio, Pedro Antonio
Acevedo Gómez, Willmar de Jesús
Bedoya Ortiz, Dago Hernando
Múnera Barrios, María Ginette
Londoño Echeverri, Carlos Andrés
Flétscher Bocanegra, Luis Alejandro
Morales González, Alvaro Ignacio
Betancur Jiménez, Alvaro Eduardo
Keywords: Doctrina social de la iglesia;Cristianismo-Justicia social;Iglesia y Problemas sociales;Cristianismo-Paz-violencia;Cristianismo-Desplazamiento forzado;Educación-enseñanza;ser humano;profesor;educador;maestro;pedagogía;Jesús de Nazareth.;Educación;Catolicidad;Sentido educativo;presencia experiencial del amor en la educación;escepticismo;nominalismo;fideísmo.;desarrollo;desarrollo humano;pobreza.;Doctrina Social de la Iglesia;relaciones sociales;clase obrera;equidad;solidaridad;justicia social;Teología;ingeniería;pensamiento religioso;catolicidad.;Modernidad;técnica y cultura;iglesia y tecnología;progreso;ética y tecnología;desarrollo tecnológico;tecnología y diseño industrial.;Tecnología y Catolicidad;Tecnologías de la Información y la Comunicación;Pastoral Informática;Tecnología Social.
Issue Date: Jun-2007
Series/Report no.: REVISTA PÁGINAS;78
Abstract: EDITORIAL: El presente número de Páginas está dedicado en su integridad a la reflexión sobre la Catolicidad y sus relaciones con las disciplinas y profesiones. Pretendía promover en la Universidad el diálogo de la racionalidad de las disciplinas con la racionalidad de la fe en el marco más amplio del diálogo Fe-razón y Evangelio-cultura, y presentar los avances de esa reflexión a la comunidad académica con el ánimo de enriquecer una tarea que ha de ser permanente en una universidad católica. La catolicidad es el horizonte vital, práctico y teórico, que proviene de la fe cristiana; un talante espiritual y existencial que nace del reconocimiento de Dios como origen de la vida y el mundo, y de la experiencia de su presencia cierta y real en la existencia personal y en la historia; esa experiencia suscita el reconocimiento de que el ser humano está referido a Dios, y a su luz logra autocomprenderse y autoconstruirse. Dios se ha revelado al ser humano, esto es, se ha manifestado en su vida a lo largo de la historia y ha tocado íntimamente la existencia humana en la persona del Verbo encarnado, Jesucristo el Señor. En Jesús, Dios nos ha revelado su propio misterio y nos ha revelado igualmente el misterio del ser humano, del mundo y la historia; creer en esta verdad es mucho más que consentir a una afirmación o profesar que Dios nos ha enseñado una preciosa lección: es saber que en Jesús de Nazaret ha venido personalmente Dios a nuestro encuentro, de que por él y en él es posible tener una experiencia personal de Dios y una relación íntima y cercana, y que en él se ha realizado de manera excelente lo que significa ser humanos en plenitud. En él se nos ha descubierto el destino trascendente de la persona, que tiene tallada en su más profunda intimidad la vocación hacia Dios, como decía Agustín de Hipona “nos has creado Señor para ti y nuestro corazón vive inquieto hasta que no descanse en ti”. La Iglesia que es la comunidad de lo que hemos creído en él, reflexiona sobre esa revelación, la profundiza, la expresa en la cultura y las categorías de una época determinada; pone frente al mundo, al ser humano, la cultura y sus manifestaciones esa revelación para permitirle a la Palabra seguir diciéndose con elocuencia y significativamente. Esa reflexión es el fruto de la “inteligencia de la fe”, es decir, de un trabajo laborioso de la fe de pensarse y entenderse a sí misma, lo cual genera un discurso riguroso y una racionalidad capaz de entrar en diálogo con todos los saberes y con todas las actuaciones históricas, como por ejemplo la actuación profesional. En ese diálogo la catolicidad y lo que es su racionalidad, la teología, reconoce la “otreidad” de las disciplinas y las profesiones y su autonomía, es decir, reconoce su derecho a pensarse de acuerdo con su método, su objeto y su procedimiento para construir conocimiento; el diálogo se produce, en consecuencia, respetando los saberes, sus especificidades, su estatuto epistemológico y sus propias dinámicas de construcción; en ese sentido, el diálogo no es una intromisión ilegítima ni tampoco una pretenciosa intervención a la manera, por ejemplo, de lo que pudo hacer en épocas premodernas. Pero supone el reconocimiento de que la catolicidad (la fe y su inteligencia: la teología) es una interlocutora válida. La racionalidad católica posee una luz, es decir, una perspectiva aclaradora (en sentido axiológico y epistemológico, esto es, como discurso construido rigurosamente), unas inspiraciones o, en fin, una “sabiduría” que la hacen “experta en humanidad” (la expresión es del Concilio Vaticano II y de Pablo VI), y desde ese “pensar sabio” reflexiona sobre el mundo, la historia y lo humano. La ciencia y las disciplinas piensan un objeto determinado con un método adecuado (es decir, un camino pertinente a su objeto: meta – odós), somete a estudio unos fenómenos (naturales, sociales o humanos) y construye un discurso para formular explicaciones; ellas alcanzan un conocimiento riguroso y cierto, pero provisional. Su trabajo se concentra en alcanzar su objeto en un nivel fenoménico. La teología no pretende explicar los fenómenos ni producir conocimiento sobre ellos, sino leerlos desde un nivel diverso y alcanzando un estrato que va más allá de lo fenoménico, con el fin de presentar el “saber de Dios” sobre la vida humana y el sentido y significado del mundo y de la historia. Así como a la teología (racionalidad cristiana) no le es lícito invadir el campo de las ciencias, pretendiendo por ejemplo explicar fenómenos o tomar posición frente a las teorías científicas, así a las ciencias tampoco les es legítimo ni epistemológicamente pertinente incursionar en el mundo de los sentidos y significados ni tomar posición frente a lo que va más allá de los fenómenos, como, por ejemplo, explicar el fenómeno religioso en su conjunto o tomar posición a favor o en contra de Dios. Pero en el diálogo una y otras se enriquecen, cada disciplina se acerca a la otra para comprenderla y aprender de ella a realizar su tarea específica de manera más pertinente. El diálogo permite a la fe expresarse en lenguaje adecuado a la cosmovisión del momento y comunicar su sabiduría de cara a la autocomprensión del ser humano; permite a la fe, igualmente, actuar y desarrollar la praxis cristiana de acuerdo al avance de la ciencia, la técnica y el desarrollo socio-cultural. Por su lado, el diálogo contribuye a que las disciplinas reconozcan sus propios límites y su competencia, y confronten lo que saben sobre el ser humano, la historia, el mundo y la naturaleza con el saber teológico. En su diálogo con la racionalidad católica, la disciplina tiene un referente para juzgar si está construyendo al ser humano, la historia y el mundo dignamente, y de esa manera puede trascenderse, esto es, ir más allá de lo que su propio discurso dice, para encontrar sentido; le permite el encuentro con una verdad que va más allá de lo que ella con su propio método puede comprender; lo mismo puede decirse de la profesión. Desde la catolicidad, el intelectual y el profesional pueden interrogar sus propios presupuestos y cuestionarlos, para abrirse de esa manera a un saber más integral y más integrado. Los artículos de la presente edición de Páginas abordan diversas cuestiones y exponen los resultados del diálogo con la catolicidad: la construcción de la paz, la educación, la relación de la fe con la razón, la técnica, los procesos sociales de cambio, la ingeniería y las tecnologías de la innovación y la comunicación. La pretensión de la Revista logró convocar a muchos maestros de la Universidad para abocar la reflexión de las disciplinas y profesiones con la catolicidad. El logro de este propósito se evidenciará en la medida en que la reflexión continúe, el diálogo sea una dinámica permanente y de esa manera se produzca para el estudio y la discusión.
URI: http://hdl.handle.net/10785/128
ISSN: 0121 - 1633
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